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El acelerón de las autopistas del mar

  
 
Los corredores marítimos  que transportan camiones y pasajeros  ya son una realidad que permite descongestionar las carreteras de vehículos pesados  y reducir las e misiones de CO2.  

Los Pérez son una pareja de Madrid, ella dentista, él profesor, con dos hijos, que han decido pasar sus vacaciones de verano recorriendo Italia de cabo a rabo con su coche. Aún no lo saben, pero su destino se cruzará irremediablemente con el de un tal Manuel Gómez, un camionero de 43 años, separado y también él con dos hijos, que al volante de un gigantesco camión se dedica a transportar material de construcción, sobre todo azulejos, desde el levante español hasta Italia y otros países de Europa. 

Hay muchas posibilidades de que el encontronazo entre los Pérez y Manuel Gómez sea traumático y que  se materialice en forma de un terrible accidente de tráfico.

    
Al fin y al cabo, por las carreteras europeas  circulan  seis millones  y medio de camiones como el de Manuel, cuyo peso supera las 3,5 toneladas. Y las estadísticas afirman que en los accidentes de tráfico anualmente pierden la vida en la UE unas 4.000 personas y alrededor de 123.000 resultan heridas.  
  
Sin embargo, esta historia tiene un final feliz. Los destinos de los Pérez y de Manuel Gómez acabarán confluyendo a los pies de la piscina de uno de los ferries que enlazan Italia y España a través de una de las llamadas autopistas del mar, mientras cada uno de ellos degusta un cóctel.
 
Eran un sueño hasta hace poco. Pero desde que en 2001  la Comisión Europea decidió apostar por fomentar las rutas marítimas entre distintos puertos para de ese modo disminuir el impacto ambiental del tráfico rodado,  para evitar el colapso de las carreteras y para ofrecer un modo de transporte eficiente, las autopistas del mar se han convertido en una auténtica realidad. Ya son varios los corredores marítimos que unen  España con otros países de la Unión Europea y por los que navegan numerosos ferries que transportan camiones cargados de mercancías y pasajeros con sus automóviles. El transporte marítimo está en alza: se calcula que sólo por el Mediterráneo y sus 2,5 millones de kilómetros cuadrados de aguas transitan cada día unas 2.500 naves en total. 
 
Las ventajas de las autopista del mar saltan a la vista: el transporte por mar es según algunos estudios 13 veces menos contaminante que el transporte por carretera en lo que a emisión de partículas de carbono se refiere y 19 veces menos contaminante en términos de hidrocarburos, permite además descongestionar las carreteras sacando de las mismas miles de camiones cada año (según la estadísticas el transporte rodado alcanzará el punto de saturación en 2020) y, por si fuera poco, permite ganar en eficiencia, al ahorrar tiempo y combustible. En la UE casi el90% de las necesidades de energía del transporte depende del petróleo y sus derivados, así que reducir el consumo de carburante del transporte por carretera supone una contribución económica y ambiental muy importante.
 
Aún los llamamos  ferries. Pero, en realidad, la mayoría de las naves que recorren las autopistas del mar uniendo distintos puertos son auténticos minicruceros dotados de todos los lujos: piscina, jacuzzi, centro de masajes y estética, restaurante, tiendas, confortables camarotes. Los Pérez han elegido subirse a uno de los buques de la compañía Grimaldi que hacen el trayecto Barcelona-Civitavecchia (el puerto de Roma) porque les permite viajar con su propio coche en lugar de tener que alquilar uno en Italia, porque así se ahorran el largo y pesado viaje desde Madrid hasta Roma (con sus consiguientes peajes) y también por el placer que supone disfrutar  de una travesía por mar en una especie de crucero. "Es parte de las vacaciones", sentencian a coro.
 
Manuel, por su parte, ha decidido optar por tomar la autopista del mar en lugar de la tradicional autovía de asfalto porque le permite ganar tiempo, ahorrar dinero (gasta menos combustible) y también mejorar su calidad de vida. En lugar de las nueve o diez horas que cada día se pasa agarrado al volante de su camión, con los ojos pegados a la carretera, ahora parte del trayecto se ha convertido en un auténtico relax. "Llego, embarco mi camión en la nave, disfruto y luego desembarco y a seguir conduciendo", explica.
 
 
Fuente: Europa Magazine / Inma Garrido / Julio 2013
 
 
 
 

 

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